Una producción maravillosa, una fotografía espectacular, una historia muy original… pero un resultado que deja mucho que desear.

El concepto no ha cambiado desde aquel calvo fantástico. Un mensaje que básicamente trata de ilusión, y que en los últimos años se ha centrado en la alegría de compartir dicha ilusión. Primero fue Manuel, una historia que consiguió emocionarnos a todos partiendo de una situación muy complicada que daba en el clavo con cómo se sentían muchos españoles en aquel momento. Era difícil igualarlo, pero en 2015 supieron salir del paso de forma muy digna gracias a Justino y a ese nuevo enfoque, mucho más positivo, del homenaje a una persona que lleva toda su vida haciendo el día a día más agradable a todos los que le rodean. El hecho de hacerlo de animación, además, le daba un extra de originalidad, a pesar de que hubo bastantes comentarios sobre lo parecidos que eran los personajes a los de la película Up.

¿Y qué ha pasado este año? El listón estaba demasiado alto. Había que emocionar a toda costa, y como la familia de Carmina, se han metido en un lío del que no han sabido salir. 

Me he pasado todo el anuncio pensando que a Carmina le quedaba tan poco tiempo de vida como para mantener la mentira sin hacerla sufrir. Pero resulta que no. Resulta que mañana, y pasado, y al otro, esta pobre mujer va a tener que ver cómo su hijo, que tiene 4 millones de euros porque ella se los ha dado, no es capaz de instalarle un buen sistema de calefacción, o de renovarle los muebles, o de solucionarle cualquier otra necesidad que tenga. Por mucho que tenga Alzheimer o alguna enfermedad parecida, mañana no se levantará sin recordar nada, digo yo.

O eso, o mañana le dan el palo de saber que todo fue una mentira. Como decía un usuario en Twitter: “Carmina a su familia: ¿Con qué cara vuelvo yo mañana a la peluquería?“. Personalmente, me he quedado de mal rollo. No he sentido ilusión, por mucho que un pueblo entero se vuelque en hacer feliz a una señora durante un rato.

La acción paralela en la que puedes formar parte del grupo de Messenger, o simplemente leer lo que se van contando entre ellos para llegar a entender cómo consiguieron la cámara, el esfuerzo que hizo cada uno para hacer el momento perfecto, etc., me parece magistral. Pero gira en torno a una historia que sigue sin gustarme nada.

Al anuncio de la Lotería de Navidad le ha pasado lo mismo que a Carmina: ha querido pensar que lo conseguía, pero se ha tenido que conformar con la gloria de años anteriores. A ver cómo se lo decimos mañana.