A veces leemos o escuchamos hablar sobre el e-mail marketing de tal forma que nos hace pensar que hacer una buena estrategia en este sentido es algo tan sencillo como mandar unos cuantos mails y empezar a gestionar las ventas que llegarán al cabo de poco tiempo. Pasa un poco como con las redes sociales: todo el mundo parece saber cómo funcionan, y esto nos hace pensar que cualquiera será capaz de gestionarlas de tal forma que le resulten rentables a la empresa y que realmente se consiga un retorno del uso de las mismas.

Pero no es tan sencillo. Para daros cuenta, sólo tenéis que poneros en la piel del usuario que recibe vuestros mails, tal y como hacéis cada mañana cuando abrís vuestro correo. Siempre hay algunos que van directos a la papelera sin abrir, ¿verdad?

Entonces, ¿qué nos debería hacer pensar que con los nuestros será diferente? Dar por hecho que cualquier información que enviemos de cualquier manera será leída y nos reportará beneficios sólo nos llevará a perder tiempo y dinero.

¿Por qué hay marcas que les sacan todo el partido posible a sus redes sociales y otras que pasan por ellas sin que los usuarios se molesten en mirar siquiera sus contenidos, y mucho menos en interactuar con ellos? Por el mismo motivo por el que nos quedamos a la primera con algunos anuncios publicitarios y otros se nos olvidan o incluso nos cansan y molestan. Y por el mismo motivo por el que algunas empresas obtienen grandes beneficios de sus campañas de email marketing y otras sólo logran ir directos a la papelera.

Como siempre, si queremos que algo funcione tenemos que contar con profesionales. Y como siempre, tendremos que tener en cuenta y cuidar mucho algunos factores clave que marcarán la diferencia entre un mail que se convierte en venta y otro que acaba eliminado sin leer o marcado como spam (ojo con esto, que si nos marcan una vez no vuelven a vernos y es un usuario y una oportunidad perdida).

En primer lugar, tendremos que tener en cuenta el público objetivo. Parece obvio, pero a la hora de la verdad no lo es tanto. Yo tengo 3 hijos y ninguna intención de ir a por un cuarto, así que si recibo, por el canal que sea (como me ha pasado en infinidad de ocasiones) un mensaje sobre el test que me indica los mejores días del mes para quedarme embarazada, el simple hecho de que yo lo reciba habrá sido una pérdida de dinero para la empresa que lo vende. De nada nos sirve que 20.000 usuarios reciban información sobre neumáticos de bicis de cross o hilos de punto de cruz, si sólo 20 de ellos pueden tener interés en esos temas. Y no sólo es que no nos sirva, es que estamos invirtiendo determinados recursos en que les llegue, y por tanto estamos tirando el dinero.

Por otro lado, es fundamental cuidar el mensaje. Que el titular de nuestro emailing capte la atención del que lo recibe es trabajo de un profesional. Porque no siempre las palabras “gratis” o “regalo” son las que hacen que abramos un mail, y porque no a todos nos suscita interés lo mismo. Si es importante conocer a nuestro público para llegar a él, también lo es para conseguir que nos haga caso.

Por supuesto, algo que no habría ni que decir es que es importante tener algo importante que contar: ya sea una oferta, un producto que realmente merezca la pena, una promoción de determinada duración… si no tenemos nada que decir, mejor no “molestar” a quien podría convertirse en otro momento en un cliente.

Y para terminar, en el caso del email marketing, contar con un buen software para envío de correos masivos. Sin una buena herramienta estamos perdidos. Que sea fácil de usar, que tenga un servicio técnico rápido y eficiente, que nos dé ayuda estratégica o que nos entregue unos buenos informes detallados son sólo algunos de los aspectos a tener en cuenta a la hora de decidirnos por una de ellas.

Una vez que la tengamos, ahora sí, estamos listos para empezar a vender a través del email. ¡A por ello!