Parece que por fin la educación en los colegios reservan una parte a lo que de verdad importa: la persona. La persona, cómo se siente, cómo lo comunica. La inteligencia emocional se ha abierto camino a pasos agigantados gracias al trabajo de muchas editoriales, como el caso de GEU que, incluso, propone una agenda de las emociones.

Aprender las capitales de provincia, los afluentes, el Descubrimiento de América y las raíces cuadradas está muy bien, pero tener conocimientos en estas materias no vale solo para desenvolverse en la vida.

La lectura, como fuente para potenciar también la inteligencia emocional

No existe dicotomía, simplemente, todo tiene que ir junto. La inteligencia emocional es transversal y se debe entrenar exactamente igual que la inteligencia tradicional, aunque esta última tenga que ver más con la rapidez en la comprensión de conceptos y hechos, cálculos o buenas notas a final de curso.

La lectura, las dinámicas de grupo o las manualidades son algunas actividades que sirven también para impulsar esa inteligencia emocional y ese autoconocimiento que será la base de la propia percepción de la persona y lo que comunique al resto.

Sin embargo, estas actividades no siempre estimulan con la intensidad que se querría, sobre todo las que tienen que ver con la lectura, ya que, en muchas ocasiones, cuando los niños están aprendiendo a leer y les cuesta trabajo, no quieren tener que hacer ese esfuerzo y sienten rechazo por los libros.

Por ello, es importante que las portadas les cautiven y les inviten a abrirlos y a pasar, al menos, las primeras páginas.  No hay una fórmula mágica, ni para padres ni para profesores a la hora de elegir un libro, pero algunos consejos que pueden valer también para las editoriales podrían ser:  

  1. Colores vivos. El libro tiene que entrar por los ojos y llamar la atención, por eso se suelen utilizar colores vivos que consigan, por lo menos, que se pose su mirada sobre ellos.
  2. Título sugerente. “¿Qué pone aquí?” Es la típica pregunta que se hace cuando se pretende iniciar una lectura nueva. Es importante que el título sea lo más corto posible para que no se pierda el interés mientras se lee y que sea llamativo, que les invite a querer conocer la historia. Además, a ser posible, si puede tener letras grandes, mucho mejor.
  3. Dibujos divertidos y fáciles de identificar. Como se ha dicho en el primer punto, el libro entra por los ojos, por lo que, seguramente, el niño o niña en cuestión, mirará primero los dibujos antes de leer el título. Estos deben describir en cierto modo la historia, pero a la vez, ser fácilmente reconocibles y que permitan que se sientan identificados. “Mira, llevo esto en la mano como tú”. Algo así hará que se despierte el interés.