Cómo nos gustan las crisis de reputación online. Opinar sobre la falta de planificación, la mala respuesta, la poca prevención y las meteduras de pata en general. Dar nuestra opinión de sabios sobre cómo se podría haber evitado o cómo se habría podido resolver mejor. Porque de toda la vida hemos sido los mejores seleccionadores nacionales, y hemos tenido las claves para levantar el país, pero además, últimamente, somos los estrategas a los que jamás nos pasaría algo así con las marcas que gestionamos (aunque no gestionemos ninguna, es curioso).

Me parece muy interesante como ejercicio debatir sobre este tipo de crisis siempre que sea en privado. Por ejemplo, para las personas que están formándose en esta profesión es muy útil para ayudarlas a ponerse en situación, para ver que estas situaciones ocurren y entender cuáles son las herramientas y métodos que pueden atajarlas o prevenirlas. Pero cuando se nos va y nos ponemos a escribir posts sentando cátedra, me da un pelín de grima. No lo puedo evitar.

Y dejando a un lado a los que escribimos y nos creemos  con derecho a opinar y a dar consejos, he estado reflexionando estos días sobre nuestro papel como usuarios. Me ha dado por ahí cuando ha surgido la nueva crisis de Hawkers, cuando todavía se estaban recuperando de la anterior. Por resumir, para los que no estéis enterados: en un grupo privado de Facebook aparece una foto de un Ferrari aparcado en una plaza reservada para discapacitados, con su correspondiente (y legítima) crítica. Y al propietario no se le ocurre otra cosa que responder diciendo “El dueño soy yo. Y no aparcaría en minusválidos si la gente fuera más cuidadosa al abrir la puerta con sus coches“.

-¿Pero quién es este? -se pregunta cualquiera al leer este despropósito-.

Pues, según su propio perfil de Facebook, uno de los fundadores de Hawkers.

Mi opinión sobre este individuo me la reservo, que no estamos aquí para eso. Pero la resume perfectamente GerardoTC en la carta abierta que le dedica y que os recomiendo leer.

Pero a lo que voy no tiene nada que ver con él, sino con los que nos atañe a los potenciales clientes de la marca, al público en general. Desde el minuto uno empiezan a llover las críticas contra Hawkers, que rápidamente se desvincula de las opiniones que puedan tener sus componentes en la esfera privada, y afirma que la salida de tono del amigo Xavi no se corresponde en absoluto con la ideología, valores o principios de la marca. Pero da igual, porque ya se ha despertado el monstruo y la masa enfurecida quiere sangre. Y nunca, NUNCA, volverán a comprar unas Hawkers.

¿En serio?

¡Venga ya!

¿Y cuando lancen la próxima oferta 2×1 o gastos de envío gratis o 50%? De verdad, ¿si os gustan no os las vais a comprar? ¿Sólo compráis gafas de empresas cuyos integrantes sean, todos ellos, un ejemplo de solidaridad y empatía? Esto no es el bar Manolo, que si el dueño es un maleducado nos cambiamos al bar Pepe, porque Pepe es muy majete. Estamos hablando de organizaciones de cientos o incluso miles de personas. ¿Hay alguna en la que no haya un agresor machista, un radical de la ideología contraria a la nuestra, un xenófobo…?

Nos sentimos bien declarando la guerra al malo. No compro Hawkers, hala. Mis pantalones los ha cosido un niño esclavo, las mujeres que han hecho mi camisa viven y trabajan (por 5 euros al mes) en un cubículo de 2×2, para elaborar mis galletas con aceite de palma están deforestando la selva y matando orangutanes, y mi champú lo han probado en los ojos de un mono hasta dejarle ciego.

Pero si uno de los fundadores de Hawkers aparca su Ferrari en una plaza de discapacitados y encima demuestra ser un frívolo, yo no les compro más y así siento que estoy aportando algo al mundo. Aunque bueno, si alargan la promo de San Valentín un par de días más… igual aprovecho el 2×1.

¿Compraríamos a una marca cuyos miembros fueran tan hipócritas como nosotros mismos? Pues al final sí, ¿no? Entonces sigamos criticando, que es gratis.