Hemos entrevistado a Jara Domínguez, creadora del proyecto Desdicha. Jara se graduó en el master de Diseño de la Miami Ad School y tiene una amplia experiencia como creativa, tras colaborar con diversas agencias de publicidad y estudios de diseño.

Desdicha ha oído tantas veces que pertenece a la generación más preparada, que se lo ha creído. Tras años siendo becaria, varias parejas, y muchos iPhones, ahora teoriza sobre las vueltas que da la vida desde la cumbre y las miserias de sus 30 años. Desdicha es irónica, directa y sensible, como las poesías malas.

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

La sensación de libertad. Desdicha es una especie de publicidad a la vida. 

El proyecto tiene un nombre aparentemente triste, pero en realidad habla de contradicción, de desdecir lo convencional, de cuestionar clichés. Desdicha está llena de ironía, poesía y optimismo, a veces catastrófico, como la vida misma. Es un espacio infinito en el que digo, celebro y denuncio lo que me da la gana.

¿Qué es para ti la creatividad?

Yo lo identificó con tener una voz propia, encontrar respuestas personales a las preguntas de siempre, pero sobre todo a otras nuevas. Creo que a la creatividad le hacen falta dudas.

¿Con creatividad se nace o se hace?

A mí ser o no creativo me parece una cuestión de actitud. En la ilustración, la literatura, la música o cruzando la calle podemos aceptar patrones preestablecidos o inventar los nuestros. Somos creativos cuando nos apetece imaginar alternativas, que no es siempre, porque por lo general es algo agotador.

¿Crees que hay algún secreto para ser creativo?

Yo creo que la gente más creativa es la que trabaja para gustarse a sí misma.

Me parece aburridísima esta dictadura del like que nos ha tocado vivir, y los manuales de estrategia, las listas de tips para conseguirlo todo o la tendencia de las tendencias, no ayudan tampoco. Es como si alguien hubiese escrito un email con consejos para destacar y lo hubiese enviado con copia a todo el planeta. Para mí el secreto de la creatividad es leerlo por curiosidad, y borrarlo por salud.

¿Cómo abordas el proceso creativo?

Un paseo por mi barrio, Malasaña, escuchando conversaciones ajenas, una charla con amigos, o un scroll por mi WhatsApp, son siempre generadores de buen material. Para mí esa es la parte fácil, la idea.

Pero Desdicha es, sobre todo, un ejercicio de síntesis. No aguanto la retórica. Quiero decir mucho aburriendo poco. Por lo general escribo e ilustro con muchos datos que creo necesarios para que el proyecto sea consistente, adornos que luego elimino para conseguir un mensaje más directo y depurado. La paleta de color, los trazos y las palabras se reducen al mínimo. Ese es el verdadero reto; tachar, quitar elementos hasta que solo queda lo esencial.

¿Qué es lo más creativo que has hecho?

Crear un proyecto de humor desde la melancolía, la ironía y la frustración.

¿De qué llenarías un espacio creativo?

De sfogliatelle y pizzas napolitanas. Uno de los pueblos más creativos que conozco.

¿Hay alguna idea, de las que has tenido, que aún sigan en el cajón, por que nadie se ha atrevido a creer en ella?

Claro, muchos, pero todos esos proyectos aparentemente olvidados, de alguna forma están presentes; los hallazgos que hicimos, los errores cometidos… Todo ayuda a que valga la pena el proyecto que está sobre la mesa. Yo ahora mismo estoy trabajando sobre el primer libro de Desdicha, y sin todo el trabajo previo sería imposible. Por lo menos eso le contaré a mi futuro editor, cuando aparezca.