Imagina que te encantan unos pantalones que tiene un amigo, le preguntas de dónde son y te dice la tienda. Decides pasarte por allí y cuando entras, te encuentras con un lugar sucio, con la ropa desordenada, poca luz…

Intentas buscar unos pantalones parecidos pero aquello es un caos, las prendas están mezcladas, no eres capaz de dar con tu talla… ¿Llegarías a entrar en los probadores? Probablemente no. Por lo tanto, lo normal es que salieras de allí sin haber comprado nada, y lo que es peor, con muy mala imagen de dicha tienda. Ni volverías ni la recomendarías. Un cliente perdido y muchos otros clientes potenciales desaprovechados.

Traslada este ejemplo al mundo online. Entras en una web y no eres capaz de encontrar lo que buscas, tarda en cargarse, las ofertas no están claras, da un aspecto desordenado o agobiante… ¿qué pasaría? ¿De verdad tienes tanto tiempo como para dedicarte a conseguir comprar en ella, o se te quitan las ganas en menos de medio minuto?

Probablemente te ocurre lo segundo, y como ti, al resto de internautas. Porque la web es la imagen de una marca, es lo que el público percibe de la misma y de ella depende la imagen que se forme, y por supuesto, que compre o no.

Las grandes corporaciones invierten mucho en sus páginas web. Sin embargo, las pequeñas marcas muchas veces se conforman con “cualquier cosa”, y con tal de estar online creen que puede valer lo que sea. Pero lógicamente esto no es así. De hecho, las PYME´s son las que menos se pueden permitir perder clientes o dar una mala imagen de sí mismas.

Por eso, es fundamental contar con profesionales que se encarguen de optimizar nuestra imagen en la red. No es necesaria una enorme inversión en la mayoría de los casos, pero sí un buen asesoramiento y una empresa seria, ya sea grande o pequeña.  Un ejemplo podría ser Coodex.

No importa cuál elijamos, lo fundamental es que podamos dejar en sus manos la imagen de nuestra empresa sintiéndonos seguros. Y las ventas lo notarán.