A las alturas de verano en las que nos encontramos, ya habrás notado que las redes sociales se vuelven un poco locas en esta época. Si buscas información sobre ello, verás un montón de consejos para que abandones tu actividad en estas fechas, explicando que los usuarios tienen mucho más tiempo libre y por tanto entran más a echar un vistazo en Facebook o a mostrar lo que hacen en Instagram.

Por tanto, el consejo suele ser que “no cierres por vacaciones“, que programes tus posts para que continúe habiendo actividad y que aproveches este fantástico momento de interacción. Pero (claro, siempre hay un pero), en muchos casos vemos cómo nuestros resultados se desploman durante julio y agosto, o volvemos de las vacaciones y nos encontramos con quejas porque no hemos respondido a tiempo aquello que nos requerían.

Creo que la clave está en conocer nuestra marca y en actuar como requiera, y que no hay unas normas que puedan servir para todas. Porque es cierto que el usuario dedica una parte de su tiempo de ocio a las redes, y al ser este tiempo más amplio aumenta la posibilidad de interacción con las marcas… pero depende de cuáles sean. Seguro que desde la playa no va a interesarse por el producto que usa para trabajar, ni desde el chiringuito va a pedir información sobre los cursos que hará el año que viene. Pero sí lo hará, si seguimos con el ejemplo de los cursos, nada más volver a la realidad, y eso ya no es siempre en la tradicional fecha de finales de agosto. Unos vuelven en julio, otros no se van hasta septiembre, otros planifican este tipo de compras a finales de agosto… lo que es importante es estar ahí para ellos en el momento adecuado, sea cual sea.

Lo que no tiene sentido es dejar todo programado y después ignorar las redes de nuestra marca como si se fuera a gestionar sola. Es necesario que haya alguien en todo momento que se encargue de atender las preguntas o las quejas de los usuarios, que se vea que sigue habiendo alguien al otro lado. Esto no quiere decir que no tengamos derecho a vacaciones, pero sí que cada uno las tendrá que organizar de la mejor manera posible. Porque no es necesario generar a diario unos contenidos súper currados ni llevar a cabo una labor estratégica que nos lleve todo el día, pero qué menos que responder.

Si eres autónomo, deja a un colega con el que tengas confianza encargado de las respuestas y hazte cargo de las suyas cuando él se vaya. Si es tu propia marca, activa las notificaciones para poder responder desde el móvil de forma cómoda y rápida. Si eres empleado y no hay otro que pueda hacer tu trabajo, negocia cogerte uno o dos días libres de más a cambio de asegurar una breve “guardia” diaria en la que te asegures de que no se queda nada desatendido. Cada uno debe buscar la mejor manera de no descuidar el trabajo de todo el año como mejor le venga.

Cada marca es un mundo, requerirá un mantenimiento diferente y logrará unos resultados diferentes. En verano se disparan las búsquedas locales y las reservas de determinados servicios, muchos usuarios desempolvan su Instagram y Facebook arde. Pero LinkedIn, por lógica, va a tener menos posibilidades, y habrá productos que, aunque no sean estacionales, pierdan interés para los usuarios. Por tanto, no nos extrañe que a la hora de hacer los informes de julio y de agosto nos encontremos con que a pesar de haberlo hecho todo como deberíamos, los resultados son algo desastre. Analicemos por qué y si podemos mejorarlos, pero no nos obsesionemos: para muchas marcas, es algo esperable y en septiembre los datos vuelven a ser los que eran, a veces con más fuerza. Es importante tenerlo claro y saber justificarlo al cliente si es una marca que gestionamos o entenderlo nosotros si es la nuestra propia.