No es una música adaptada, montada o creada al servicio de una imagen. En esta pieza la imagen y el sonido se crearon a la vez. ¿La particularidad? La libertad creativa. Los músicos improvisaron con  el único requisito de seguir un tempo de 120.

Este audiovisual utiliza la percusión como metáfora de la convivencia, ya que la percusión es un elemento común a todas las culturas del mundo.

Expresiones culturales tan distintas como el carnaval de Río de Janeiro, la txalaparta, el claqué, la batería o el flamenco tienen en común la percusión y comparten un mismo espacio en el audiovisual generando un ritmo único como reflejo de un idioma universal que nos une a todos.

Asimismo, nos habla de participación, otro de los ejes importantes del proyecto de capitalidad. Gente muy diversa participando en un proyecto cultural de ciudad, abierto a todos, en el que cada uno aporta desde su ámbito para construir un todo. Y es que la pieza integra elementos  propios de la cultura tradicional vasca, pero herramientas universales y componentes de otras culturas del mundo, generando una fusión entre lo tradicional y lo moderno.