Queremos que detrás de las cuentas y perfiles en redes sociales siempre haya una identidad y que el usuario sepa que está identificado“. Estas han sido las palabras que ha tuiteado Rafael Hernando y que han creado la polémica en los últimos días.

Me llama mucho la atención la segunda parte de la frase. No queremos defender los derechos de nadie, ni evitar delitos (o es secundario). Queremos que sepáis que podemos saber quiénes sois.

El anonimato está prohibido en Venezuela, y en Vietnam es ilegal usar seudónimos. En China y en Irán necesitas un permiso del gobierno para utilizar herramientas de cifrado. Entrando ya en 2018, en España se propone ir en la línea de estos países claramente avanzados en lo que a democracia y derechos humanos se refiere. Sí, hablo de derechos humanos.

Según la ONU, el anonimato y el cifrado son esenciales para la libertad de expresión. En el informe mediante el cual hacía un llamamiento a las naciones para proteger ambos, se señala que la privacidad es un derecho humano en sí mismo. Por eso no me siento cómoda con la obligación de tener que perder ese anonimato. Yo, que en Facebook y en Linkedin soy Esther Rosado Santana y en Twitter e Instagram soy @estherrosado1, vivo más tranquila simplemente por el hecho de saber que puedo dejar de serlo si quiero, aunque nunca haya usado un nombre que no sea el mío.

Supuestamente, esta iniciativa perseguiría terminar con la impunidad de ciertos delitos en la red, como el acoso o las amenazas. Pero me inquieta ese “que el usuario sepa que está identificado“, y me hace pensar cuánto peso tiene en todo esto el poder censurar de forma legal y sencilla todo aquello que el Gobierno no quiera que se diga. Porque quiero pensar que tenemos medios para localizar a un loco que sabe mi dirección y me asegura que mañana me estará esperando cuando salga de casa. Me da igual si me lo dice por teléfono, por email o por Twitter bajo seudónimo. Eso, como el valor a los que antiguamente terminaban la mili, se le supone a la seguridad nacional.

Pero también quiero pensar que si me da por compartir poesías y me da vergüenza que se sepa quién soy, si me apetece expresar mi opinión política y por temas profesionales no me interesa que estas manifestaciones se relacionen con mi persona, si quiero estar en Facebook para relacionarme con personas de mi entorno que sepan mi seudónimo pero evitando que me encuentre un acosador o un maltratador o si simplemente me da la gana ponerme un nick que me parece muy gracioso, voy a poder seguir haciéndolo.