Últimamente, todo el mundo es Community Manager.  Gente de profesiones que nada tienen que ver con la publicidad ni el marketing, estudiantes que de milagro han alcanzado la mayoría de edad… cualquiera vale. Si le preguntas qué hace, (o a su empresa para qué le han contratado, que es más grave) la frase mágica es “ya sabes, animar el grupo de Facebook”.

Bien! Así que la persona que va a representar a la marca frente a miles de personas en las redes sociales, se limita a “animar”.

Puede no saber nada del comportamiento del consumidor, ni tener en cuenta lo que opinan los miembros del grupo, y puede hacer cada día lo mismo sin usar toda esa información como si fuera un pequeño estudio de mercado.

Puede no ser capaz de crear y mantener  un plan de marketing, ni de estar alerta para detectar problemas, oportunidades, fortalezas y debilidades.

Puede no tener inquietud por conocer cada novedad, herramienta o aplicación que se pueda utilizar para cualquiera de las muchas tareas que un Community Manager tiene que cumplir diariamente.

Puede no involucrarse en la estrategia de ventas de la empresa, ni preocuparse de si lo que busca la marca es mejorar su imagen, darse a conocer, aumentar las ventas, ampliar su target…

Puede, incluso, contestar a los miembros con faltas de ortografía!!

Pero qué importa! La marca está en redes y tiene quién le anime el grupo. ¿Qué más queremos?

Y no es que animar esté mal.  Pero si no confundimos al director de marketing de una cadena hotelera con los chicos que entretienen a los niños en la piscina del hotel con divertidas animaciones, tampoco debemos hacerlo con un community manager y el que anima el grupo de Facebook.