NotReal tal y como ellos nos comenta tienen un enfoque que está mucho más ligado a la construcción y al control. Como directores, la pérdida de control no es un lugar cómodo para nosotros, ni algo que busquemos
como punto de partida. Más bien, nos interesa entender cómo se construye ese control y, sobre
todo, cómo se puede ceder de forma consciente.
No se trata de perderlo, sino de redistribuirlo dentro del equipo. En ese proceso aparece algo más
interesante: un trabajo que deja de depender de una sola mirada y empieza a construirse desde
múltiples perspectivas.
En esta entrevista hablamos con el estudio, ponentes en la próxima edición de OFFF Barcelona, sobre cómo entienden el control en los procesos creativos, cómo se construye y cómo se redistribuye para dar lugar a un trabajo colectivo y plural.

«Notreal» como nombre ya dice algo sobre vuestra relación con la realidad. ¿Qué es lo real en vuestro trabajo y qué es deliberadamente construcción?
No vemos lo real como algo antagonista a lo que está en construcción, sino como parte del mismo proceso. Lo real en nuestro trabajo está en el día a día: en cada WIP, en cada reunión, en cómo armamos los equipos y tomamos decisiones. Ahí es donde realmente sucede el trabajo, y eso está directamente conectado con lo que estamos construyendo.
Si hay algo que sí vive más en el terreno de la construcción abstracta, es la proyección a futuro del estudio. Hacia dónde vamos, qué va a pasar con lo que estamos haciendo hoy, y en qué se va a convertir. Esa idea de futuro es, en parte, una construcción que todavía no es del todo real, pero que guía muchas de nuestras decisiones en el presente.
Los gráficos en tiempo real implican aceptar cierto nivel de impredictibilidad. ¿Buscáis controlar ese caos o aprender a bailar con él?
Nosotros no trabajamos con gráficos en tiempo real, sino con sistemas de diseño en 2D y CGI que requieren mucho planning previo. Nuestro proceso está bastante estructurado y pensado de antemano.
Lo imprevisto en nuestro trabajo aparece en otro lugar: en los cambios de rumbo de un proyecto, en feedbacks inesperados que a veces responden a movimientos de mercado o a decisiones estratégicas de los clientes. Por ejemplo, cuando una compañía grande cambia de dirección, y eso obliga a replantear rápidamente lo que estamos produciendo.
Es ahí donde realmente trabajamos con lo impredecible, especialmente cuando el feedback escapa de lo acordado en el brief. Nuestro foco está en encontrar la mejor forma de responder a esos cambios en relación a tiempos, equipo, presupuestos y a la necesidad real detrás del nuevo pedido.
En ese sentido, sí, hay algo de aprender a bailar con eso todos los días. Pero para poder hacerlo bien, es clave tener muy claro qué estás haciendo y por qué. Eso es lo que permite entender los cambios cuando ocurren y reaccionar de la forma más sólida posible.
Producís material técnico que tiene que comunicar valor innovador. ¿Cómo equilibráis la espectacularidad visual con la claridad del mensaje?
En el estudio creemos que un mensaje puede estar perfectamente resuelto desde lo conceptual, pero si las formas visuales no lo acompañan de manera atractiva, pierde fuerza.
Por eso, nunca priorizamos uno por sobre otro. Para nosotros, la claridad del mensaje y la calidad visual tienen que trabajar en conjunto. No se trata de equilibrar dos fuerzas opuestas, sino de entender que ambas son necesarias para que una comunicación sea realmente efectiva.
Cuando eso funciona, lo visual no es solo espectacular, sino que potencia y hace más claro lo que se quiere decir.
En un show audiovisual, ¿en qué momento sabéis que algo funciona de verdad, más allá de que ‘se vea bien’?
Nosotros no trabajamos en shows audiovisuales, pero llevándolo a nuestro campo, hay varias señales que indican cuándo algo realmente funciona.
Primero, cuando el cliente lo usa y está conforme con el resultado. Al final, nuestro trabajo es ayudar a comunicar a otros, ya sea una marca global o una más pequeña, y eso tiene que ser útil y relevante para ellos.
Después, cuando lo que hacemos aporta a la construcción de marca y permite seguir construyendo sobre esa comunicación en el tiempo, no como algo aislado sino como parte de un sistema más amplio.
Y finalmente, cuando trasciende: cuando la gente lo recuerda, lo reutiliza o empieza a generar ecos más allá del proyecto original. Es ahí donde deja de ser solo una pieza funcional y empieza a construir códigos visuales que pueden influir en otros contextos.
¿Hay alguna limitación técnica que se haya convertido en una característica estética propia de vuestro estudio?
La verdad es que no hay una limitación técnica puntual que haya definido nuestra estética.
Pero sí hay ciertas características que suelen destacar de nuestro trabajo, como el manejo del color y la precisión en los keyframes. Nos interesa mucho trabajar desde el detalle, llegando al keyframe específico para lograr los movimientos y las animaciones exactamente como las planeamos.
Por eso, muchas veces evitamos depender de simulaciones u otros recursos tecnológicos que pueden devolver resultados menos controlados o menos precisos. Preferimos construir de una manera más artesanal.Nuestro proceso suele ir capa por capa: del dibujo al boceto, del boceto al diseño, y del diseño a la animación. Cada etapa se construye sobre la anterior, lo que

























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