Entrar en una instalación de teamLab no es solo contemplar una obra: es formar parte de ella. Desde hace más de una década, este colectivo internacional difumina los límites entre arte, ciencia y tecnología, y cada uno de sus proyectos plantea una pregunta sobre cómo nos relacionamos con el espacio y nuestro entorno. Estuvieron en el OFFF Barcelona y les hemos entrevistado con la curiosidad de comprender cómo piensan.
Vuestras instalaciones no tienen un inicio ni un final definidos: el visitante forma parte de la obra. ¿Cómo se diseña una experiencia cuando el usuario es también materia creativa?
Nuestro interés se centra en explorar la relación entre el yo y el mundo, así como nuevas formas de percepción.
Para comprender lo que nos rodea, las personas tendemos a fragmentar el mundo en entidades independientes, estableciendo límites entre ellas. En teamLab buscamos trascender estas fronteras en nuestra percepción del mundo, en la relación entre el yo y el entorno, y en la continuidad del tiempo.
Ese es nuestro principal objetivo. La interacción en sí misma no es el fin, sino la creación de obras que permitan sentir esa continuidad. Como ejemplo, desde 2001 desarrollamos piezas a partir del concepto de Ultrasubjective Space.
En el caso de obras que interactúan con las personas en el espacio, los medios tradicionales, como la pintura, no cambian en función de la presencia o el comportamiento del espectador. La obra mantiene una relación fija con quien la observa. En gran parte del arte hasta ahora, la presencia de otros visitantes solía ser un obstáculo: encontrarse solo en una exposición se consideraba algo afortunado.
Sin embargo, cuando una obra cambia en función de la presencia o la conducta de las personas, los límites entre obra y espectador se difuminan, y el visitante pasa a formar parte de la pieza. Del mismo modo, si la obra se transforma por la presencia de otras personas, estas también se integran en ella. La relación deja de ser individual para convertirse en una relación entre obra y colectivo. Lo que alguien hizo hace cinco minutos, o el comportamiento de la persona que tienes al lado, adquiere relevancia.
El arte digital tiene la capacidad de transformar las relaciones entre quienes habitan un mismo espacio. Incluso sin intención de interactuar, si esa interacción genera un cambio que percibimos como bello, la presencia de los demás puede convertirse en un elemento positivo.
Esto no se limita al arte. En las ciudades contemporáneas, la presencia de otros puede resultar incómoda. A menudo no comprendemos ni controlamos a quienes nos rodean, y su existencia se tolera más que se integra. Esto ocurre porque la ciudad no cambia en función de nuestra presencia o la de los demás. Pero si las ciudades se convirtieran en arte digital, la presencia de otros podría ser un valor positivo. En ese sentido, la búsqueda de nuevas relaciones a través del arte digital puede ir más allá del ámbito artístico y plantear nuevas formas de entender la evolución de las ciudades.
Fusionáis disciplinas que históricamente han seguido caminos separados: arte, ciencia y tecnología. ¿Dónde surge el punto de fricción más productivo entre ellas?
Nuestra práctica explora la confluencia entre el arte, la ciencia, la tecnología y el mundo natural.
Creamos como equipo, a partir de aquello en lo que realmente creemos. teamLab está formado por personas que encuentran sentido en trabajar colectivamente, no de forma individual.
Nuestra creatividad surge de la acumulación de conocimientos y hallazgos de especialistas diversos durante el proceso creativo. Por supuesto, aparece cierta “fricción”, pero no es el foco principal. Priorizamos la experimentación directa y la prueba constante. Los descubrimientos surgen cuando cada especialista resuelve los retos desde su propio ámbito. Esa acumulación de descubrimientos es, precisamente, lo que entendemos como el verdadero motor productivo.
La escala de vuestras instalaciones forma parte del mensaje. ¿Qué ocurre cuando esa experiencia debe trasladarse a un formato más reducido o digital?
Para entender por qué nuestras obras han ido creciendo en escala, creemos que la fisicidad es esencial en la forma en que percibimos y comprendemos el mundo. Para facilitar esa percepción física, vimos necesario ampliar el propio espacio de la obra.
Al trasladar una experiencia de una dimensión mayor a otra menor, se requiere una “transformación lógica”. Existen diversos métodos: capturar una escena a través de una lente o aplanarla mediante Ultrasubjective Space. Sin embargo, nuestra prioridad es crear espacios artísticos centrados en la experiencia física.
Cuando el punto de vista no es fijo sino móvil, el público puede recorrer la obra y percibirla corporalmente. Esto nos permite generar una especie de “arte espacial físico”, donde la experiencia se construye a través del movimiento del espectador.
En obras basadas en Ultrasubjective Space, el límite entre el mundo físico del espectador y el de la obra se disuelve. Es una experiencia en la que el cuerpo parece integrarse en ese entorno y participar de él de forma dinámica. Ese ha sido siempre nuestro objetivo.
Dicho esto, en contextos como la pandemia de COVID-19 también exploramos otras formas de expresión. Flowers Bombing Home es un proyecto que transforma cualquier pantalla doméstica en una obra. En un momento de aislamiento global, surgió como una forma de recordarnos que seguimos conectados con el mundo y de celebrar esa conexión.
En última instancia, buscamos crear obras que permitan sentir una conexión profunda con los demás y con el entorno.
¿Cómo medís el impacto emocional de una instalación? ¿Existe una métrica para el asombro?
Creemos que cada experiencia es distinta para cada persona. Aun así, esperamos que la obra genere algún tipo de emoción y abra la puerta a explorar aquello que investigamos: la relación entre el yo y el mundo y nuevas formas de percepción a través del arte.
Para nosotros, lo importante no es quién viene o quién no. El verdadero logro está en poder crear y descubrir algo que antes no sabíamos.
Nos sentimos realizados cuando experimentamos algo nuevo o descubrimos emociones desconocidas durante el proceso creativo o a través de lo que creamos.
Incluso si los proyectos no llegan a hacerse públicos o no reciben tantas visitas como esperábamos, valoramos el aprendizaje que surge del propio proceso de creación.


























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