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Hoy quiero hablar como usuario de medios sociales, no como profesional. No pretendo dar consejos sino opinar como persona que, además de dedicarse a ellas, entra a las redes a entretenerse, informarse o relacionarse.

Empiezo con una simple reflexión. Cuando nos vamos unos días a desconectar a un pueblo perdido, una de las cosas que nos llaman la atención en positivo es que todas las personas que se cruzan por la calle con nosotros nos saludan. En nuestra vida diaria nos ponemos  los cascos con la música bien alta, fijamos la mirada en el móvil o en la tablet… Puede ser porque llevamos un ritmo infernal, porque es más cómodo no ver a quien está al lado durmiendo en unos cartones o por lo que sea, pero nos creamos nuestra propia isla y cuando de repente un señor que pasea por el centro del pueblo y que nunca nos ha visto nos mira a los ojos y nos suelta un “buenos días” nos gusta y le respondemos encantados. Pues claro, es que es bonito.

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Pero imaginad que a la vuelta, cuando aún estáis añorando esa sensación de cercanía, de trato personal, vais andando por Gran Vía o por Castellana (los que no sois de Madrid pensad en la típica “arteria” de la ciudad) y todo el mundo se para a miraros y a desearos que paséis una buena mañana.  Al primero le devolveríais el saludo, asombrados, pensando de qué le conocéis.  Con el segundo buscaríais la cámara oculta. Y después, imaginad la locura en los dos minutos que esperáis a que se ponga el semáforo en verde para cruzar y lo que os costaría atravesar el paso de cebra. Buenos días, buenos días, hola, qué tal, hola, buenos días, cómo está usted. ¿Cómo llegaríais de agobiados a la oficina después del trayecto desde el Metro?

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Vale. Pues así me siento yo cuando entro en Facebook o en Twitter y me encuentro esa sarta de “Buenos días, feliz lunes, buenos días, comenzamos la semana, buenos días, buenos días, vamos a por el martes, buenos días, por fin es viernes, buenos días, ya llegamos al ecuador de la semana, buenos días”, sin nada más, por parte de todas las marcas a las que sigo. Porque se puede empezar una publicación con “buenos días” para luego comunicar algo más, dar un valor añadido. Pero si sólo me saludan, ¿qué hago yo? ¿Respondo a todos? ¿O a la tercera me harto y les oculto? ¿De verdad voy a recordar más a una marca porque me da los buenos días, o más bien le cogeré manía porque con tanto saludo no veo lo que me interesaba ver cuando entré?

Lo siento pero creo que una cosa es ser educado y otra plasta. Los buenos días me los da mi familia, mis compañeros de trabajo, el camarero al que le pido el café y el señor del pueblo cuando me voy a desconectar.