Hace unos meses vi en un informativo una noticia sobre un panadero al que habían matado para quitarle los 200 euros que eran su recaudación del día. El pueblo estaba destrozado, todos comentaban que era algo más que un panadero, que era amigo de todos, que les escuchaba, sabía lo que quería cada uno y se lo hacía o se lo reservaba… Vamos, que un señor que posiblemente no ha oído en su vida la palabra «Facebook» estaba consiguiendo de forma natural con su comunidad lo que yo intento todos los días con la mía, con toda mi licenciatura, mis años de experiencia en publicidad y marketing y mi blablabla. Él y todos esos pequeños comerciantes anónimos utilizan sus redes sociales, por pequeñas que sean, mejor que muchas multinacionales.

Y es que nos creemos muy modernos, pero en realidad… ¿qué estamos aportando nuevo? Nos reunimos unos cuantos profesionales a intercambiar información, hacer contactos, compartir conocimientos, etc., y lo llamamos Networking. Pero nuestros tatarabuelos ya sabían algo de esto cuando se juntaban en las ferias de ganado a buscar un buen semental, a vender su vaca o simplemente a ver qué podían aprender de los demás. Ahora, como no tenemos vacas y nuestro negocio, nuestras credenciales y casi todo nuestro trabajo diario está en Internet, cogemos nuestros Smartphones, nuestros Ipads y hala! A hacer lo mismo que se ha hecho toda la vida y a volver a casa encantados con nuestra jornada de Networking. Porque eso sí, nombrecitos tenemos para todo!

Como la geolocalización. Me hace gracia el debate que ha generado: sus defensores a ultranza, que creen que están haciendo algo nuevo (y que nadie se ofenda, que en este grupito tan majo me encuentro yo), y los que, horrorizados, creen que si dices que estás en un restaurante los cacos de toda tu ciudad correrán a desvalijarte la casa mientras te acabas el postre. Además de criticar que eres un exhibicionista y que ellos jamás expondrían así su privacidad. Pero ¿qué es la geolocalización? El siguiente paso al móvil, desde el que el 90% de las conversaciones personales empezaban por «¿Dónde estás?» o «Estoy en…». Nos gusta enseñar dónde hemos ido y ver que hacen las personas cercanas. Yo he quedado con mi amiga para ver las fotos de su viaje a Bali, he llevado un pen drive a casa de mi hermano para que vieran mis fotos en Australia, y nadie nos ha dicho que estuviéramos haciendo algo raro. ¿Y no será un simple instinto humano de compartir los sitios en los que has estado, recomendarlos, comentarlos… ?  Yo lo veo más como la evolución del envío de una postal: este es el sitio en el que me encuentro, me gustaría que supieras lo bonito que es esto, o que estuvieras aquí conmigo, o, ¿por qué no? que te fastidies porque tú no estás aquí. Cada uno es como es y cuenta lo que hace por un motivo. Pero sean cuales sean estos motivos, son los mismos de hace siglos, y nuestro comportamiento también. Sólo cambia la tecnología que tenemos a mano para llevarlo a cabo.

Así que si alguien nos dice que no tiene Facebook ni web ni Internet en el móvil… antes de pensar que sabemos más que él, parémonos a mirar cuántos clientes entran en su pequeña frutería, qué le cuentan, si le sonríen, y si salen del supermercado sin las manzanas y las uvas que tenían en la lista de la compra, porque prefieren pasar por la tarde a comprarlas allí.