Cuando IKEA abre una nueva tienda, sabes que algo va a pasar. Y si lo hace en plena Oxford Street de Londres, una de las mecas del shopping europeo, la cosa se pone interesante. Pero lo que nadie se esperaba es que Subway —sí, la de los bocatas— se colara en la fiesta con una campaña que mezcla marketing de guerrilla, humor y un guiño muy bien diseñado.

Aprovechando el tirón del gigante sueco, Subway lanzó una acción tan simple como bien pensada: repartir cupones para conseguir gratis su famoso Meatball Marinara Sub justo el día que IKEA abría sus puertas. ¿La gracia? Los cupones venían con un diseño que imitaba las instrucciones de montaje de IKEA. Solo que en lugar de una estantería o una silla imposible de montar, te explicaban paso a paso cómo armar tu bocadillo de albóndigas.
Una idea firmada por Saatchi & Saatchi junto con Fabric (social media) y Taylor Herring (PR), que demuestra cómo una acción de street marketing bien ejecutada puede robarse parte del protagonismo sin necesidad de grandes presupuestos. El branding visual estaba clarísimo: el diseño limpio, el estilo de ilustración y ese tono entre irónico y directo, todo respiraba IKEA… pero con la actitud provocadora de Subway.

El mensaje, sin rodeos: en Oxford Street, no solo IKEA tiene las bolas más grandes.
Esta campaña funciona por varias razones: conecta con el contexto, se apoya en el diseño para contar la historia y no intenta competir, sino sumarse con personalidad al momento. Una clase magistral de publicidad creativa que demuestra que, cuando se juntan diseño e idea, no hace falta montar una megaestructura para llamar la atención.



























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