Pocos estudios se atreven a trabajar simultáneamente en ingeniería, UX y branding. Tactyc Studio lo hace, y además lo aplica a proyectos SaaS, donde el reto no es solo que algo funcione, sino que tenga sentido, personalidad y sea escalable. Con motivo de su participación en el OFFF Barcelona, hablamos con el estudio sobre el arte de mantener la coherencia cuando los productos crecen y los sistemas se vuelven más complejos.
Integrar ingeniería, UX y branding en un estudio boutique es un riesgo que muchas agencias evitan. ¿Qué perdería cada disciplina si trabajaran por separado?
En primer lugar, creemos que es menos arriesgado de lo que suele pensarse. Es fundamental combinar todas las disciplinas dentro del proceso creativo. Cuando están separadas, cada una permanece en su propio universo sin tener en cuenta a las demás.
Por ejemplo, diseñar una web (UX) sin saber qué es técnicamente posible genera problemas cuando llega el momento de programar y de explicar a los desarrolladores qué deben hacer. Lo mismo ocurre entre UX y branding: se necesitan mutuamente, o el diseño acabará desalineado con el lenguaje visual del cliente o de la empresa.

El diseño de interfaces SaaS tiene fama de ser funcional pero poco inspirador. ¿Cómo se puede dotar de personalidad a un producto que, ante todo, debe ser útil?
Dar a un producto o software una nota especial o una personalidad puede funcionar en distintos niveles. Podemos aprender mucho del diseño de producto. Pensemos, por ejemplo, en el diseño de un cepillo de dientes.
Un cepillo debe cumplir su función básica: limpiar los dientes. Pero puede resultar más interesante si se modifican sus formas o se añaden elementos de gamificación (recompensas, por ejemplo). Una carita verde si te has cepillado bien o una roja si tu técnica es mejorable.
De este modo, las personas se relacionan con el objeto —a veces incluso le hablan o se enfadan con él—. Se convierte en una personalidad. Lo mismo ocurre con las interfaces de software.
Trabajáis con equipos de producto en arquitecturas escalables. ¿Cuándo debe ceder el diseño ante las necesidades técnicas y cuándo debe ocurrir lo contrario?
Sigamos en el ámbito del producto y pensemos en un grifo. Todos recordamos los grifos antiguos con dos mandos: uno para el agua caliente y otro para la fría.
Afortunadamente, el diseño intervino y se creó un grifo que lo controla todo a la vez: girándolo a izquierda o derecha regulas la temperatura, y empujándolo o tirando regulas el caudal.
¿Qué significa esto para las arquitecturas escalables?
Exactamente lo mismo. El diseño puede simplificar enormemente las cosas. Cuando esto sucede, los requisitos técnicos deberían pasar a un segundo plano. Si no, el diseño puede complicar en exceso el sistema y entonces es necesario volver a centrarse en los factores técnicos.
El branding de un producto SaaS debe funcionar tanto en la landing page como dentro de la propia herramienta. ¿Cómo se mantiene esa coherencia sin caer en la monotonía?
Sinceramente, hay innumerables formas de hacerlo. Animaciones lúdicas, elementos de gamificación, personajes o pequeños universos narrativos son solo algunos ejemplos.
Mientras te mantengas dentro del mismo “cosmos” del branding general, todo es posible. Además, no se trata solo de la marca, sino también de la psicología de la empresa.
Pensemos en un conocido fabricante de vehículos eléctricos: al introducir elementos divertidos en la interfaz (por ejemplo, un Papá Noel que sustituye al coche en pantalla o campanas navideñas en lugar del sonido habitual), la experiencia se vuelve más divertida sin dejar de ser tecnológica ni atractiva.


























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