La inteligencia artificial está en todas partes. Era cuestión de tiempo que empezara a escribir correos, posts de LinkedIn “inspiradores” (sí, todos conocemos a esa persona que de repente aprendió a usar los guiones largos correctamente) e incluso titulares publicitarios. Pero lo que no esperaba era que irrumpiera tan rápido en el diseño de packaging.
Y lo hizo. Lo está haciendo. Lo vemos en mockups generados en segundos, en ilustraciones hiperrealistas, en etiquetas que se crean con prompts más que con lápiz y papel. Como diseñador gráfico, este avance me genera una mezcla de fascinación y escepticismo. Porque aunque las herramientas de IA pueden facilitar procesos y acelerar flujos de trabajo, también abren la puerta a un diseño despersonalizado, donde todo empieza a parecerse un poco… demasiado.
Lo interesante es la respuesta que algunas marcas están articulando frente a esta avalancha tecnológica. Ya sea de forma deliberada o intuitiva, están abrazando lo humano, lo participativo, lo imperfecto. En lugar de delegar la creatividad a una máquina, están invitando al consumidor a ser parte activa del proceso. A pintar, a colorear, a intervenir sus etiquetas. A personalizar. A ensuciarse las manos.
Este gesto, que podría parecer una simple estrategia de engagement, encierra algo más profundo: una defensa del diseño como acto emocional, relacional, manual. Una respuesta a la uniformidad algorítmica que amenaza con aplanarlo todo. Es sutil, pero poderosa.

Quizás no se trate de una “resistencia anti-IA” organizada, pero sí de un impulso instintivo por volver a lo esencial: diseñar desde lo humano, para lo humano. Y en tiempos donde lo artificial se vuelve cada vez más indistinguible de lo real, este tipo de decisiones creativas dicen más de lo que parece.

Como diseñadores, tenemos ante nosotros un reto: reapropiarnos del error, del trazo irregular, del concepto que no se genera en milisegundos. Diseñar no solo con prompts, sino también con preguntas, con intención, con intuición. Puede que la IA haya llegado para quedarse, pero también lo ha hecho el deseo de crear desde la autenticidad.



























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