Si hay algo que une a los diseñadores gráficos del mundo, además del café y las noches sin dormir, es el odio irracional hacia Papyrus. No es solo la fuente en sí (aunque bueno, también), sino el maldito abuso indiscriminado que ha sufrido. Pero cuando la ves en el cartel de una de las películas más caras de la historia, la cosa pasa de ser una simple molestia a un drama tipográfico de proporciones épicas.
El fantasma de la Papyrus
«Me ha vuelto a pasar. Pensaba que ya lo había superado, pero los sueños volvieron. No puedo comer. No puedo dormir.»
Así empieza Ryan Gosling en un icónico sketch de Saturday Night Live, desahogándose con su terapeuta por una herida que nunca cerró: Avatar usó Papyrus en su logo.
Sí, Avatar. La superproducción multimillonaria, la joya de la corona de James Cameron, el filme que redefinió los efectos especiales… y que eligió una fuente que parece sacada de una tienda de inciensos o de un restaurante de comida vegana con aires místicos.
El drama tipográfico
Imagina la escena: un diseñador gráfico con un contrato jugoso, frente a su pantalla, listo para crear la identidad visual de una de las sagas más ambiciosas del cine. ¿Qué hace? ¿Bocetos a mano? ¿Pruebas tipográficas personalizadas? No. Simplemente despliega el menú de fuentes y elige Papyrus.
¿Fue un acto de pereza? ¿De rebeldía? ¿O una venganza personal contra el gremio del diseño? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que cada vez que un diseñador ve ese logo, una parte de su alma se desintegra como si estuviera conectado al Árbol Madre de Pandora.
«No fue suficiente»
«No creo que sea literalmente Papyrus. Tal vez fue el punto de partida, pero claramente la modificaron.»
Ah, la clásica excusa de «lo ajustamos un poco». Pero Ryan Gosling no cae en la trampa: «¡Sea lo que sea que hicieron, no fue suficiente!»
Y es que por más retoques que le hayan dado, el ADN de Papyrus sigue ahí, como una mancha que ni el mejor de los kerning puede borrar.
Chris Costello responde
Para darle un giro aún más surrealista a la historia, el creador de Papyrus, Chris Costello, habló sobre el sketch de SNL en una entrevista con CBS News:
«Me desperté ese domingo y mi correo estaba explotando. Todo el mundo me decía: ‘¿Viste Saturday Night Live anoche?’ Lo vi con mi esposa y no podíamos parar de reír. Es una de las mejores cosas que he visto.»
Costello diseñó Papyrus en 1982, cuando tenía solo 23 años. Inspirado en la Biblia, Egipto y el Medio Oriente, creó la tipografía con pluma caligráfica y papel texturizado durante seis meses. Su idea era imaginar cómo se verían textos en inglés escritos sobre papiro hace 2000 años.
Suena romántico, pero lo que no imaginó es que su fuente terminaría en cada cartel de spa, producto «artesanal» y sí, en una de las películas más taquilleras de la historia.
El veredicto final: ¿Es realmente tan terrible?
Odiar Papyrus no es solo cuestión de snobismo tipográfico. Representa todo lo que los diseñadores temen: la falta de criterio, la sobreutilización sin sentido y el mal uso del diseño en proyectos serios.
Pero, siendo honestos… ¿realmente es tan grave? Pues sí. Sí lo es.
Aunque, al final, todo se reduce al contexto. Papyrus no es el villano; el problema es cuando aparece en lugares donde simplemente no debería estar. Y ahí es cuando a los diseñadores nos da un tic en el ojo.
Así que, colegas del diseño, tomemos aire. Sigamos adelante y aceptemos que Papyrus es un meme eterno en nuestro gremio. Al menos nos da algo de qué reírnos entre tantas horas de Adobe Illustrator.
Y si te quedaste con ganas de más, aquí te dejamos la segunda parte de la historia. Porque sí, esto aún no termina. 🚀



























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